Nadie me obligó. Tampoco vi la publicidad tantas veces, así que podría arriesgar: nadie me condicionó. No es que hubiese perdido una apuesta, o que necesitara probarme algo o comprobar mis límites, nada de eso. Pero fui y me pedí un Sabor 5.0. Es decir, cinco patys apilados, con sus respectivas fetas de queso cheddar, una corona de panceta lubricada por una salsa inefable. El nuevo milagro de Burguer King.
Después de leer No logo, me había dicho que le iba a dar la espalda a las multinacionales. En todas sus manifestaciones. La primera concesión que hice, antes de atravesar las últimas páginas, fue: “salvo las nuevas hamburguesas que vaya sacando Burguer”. Siempre fui hincha de Burguer King, para hacerle la contra a la Gran M. Así como uno se hace hincha del más débil en un partido que mucho no le interesa. Una debilidad relativa, claro. Pero a veces hay pasiones que no matan aunque hieren y dejan secuelas.
El producto es imponente. Uno desenvuelve la hamburguesa con una casi alegría, reminiscencia de fiestas infantiles, y ahí nomás se sorprende: un monumento de comida chatarra, un rascacielos que transpira poder. Al edificio hay que ir derribándolo de a poco: primero abajo, después arriba; se gira apenas: abajo, arriba. Una papa, un sorbo de gaseosa, abajo y arriba. En un momento pensé que no lo terminaba, que me ganaba. Pero no puedo dejarme ganar en estos casos, nunca puedo dejar un plato a medio comer, sin el remate final. Reminiscencia de miserias infantiles.
En un momento, tal vez en el bocado veinticinco, sentí que se me iba directo al centro del pecho, y que se movía apenas hacia la izquierda. Parecía inverosímil pero la sensación era muy real: de pronto tenía una hamburguesa por corazón. Y dolía. Bombeaba igual (imaginaba una sangre amarronada, cansada), pero pesaba. Y sus latidos eran cuatro golpes que daba en la puerta del desvanecimiento.
Para colmo, en los últimos bocados, cuando estaba ya en los cimientos, me quedé sin coca. Pero así y todo lo terminé. El malestar posterior duró horas, y algo parecido a la depresión se fue asentando el día siguiente y desgranando a lo largo de la semana. Si uno va a intentar la hazaña, ármese de valor, paciencia, y pida la coca grande. Es el único consejo que les puedo dar. Siempre fui hincha de Coca, para hacerle la contra a Pepsi. Así como uno se hace hincha del más fuerte, porque sabe que es el mejor.
Se vienen cambios en melódico. Más bien, una especie de “merge” con otro portal, con un diseño más agradable, cómodo, más contenidos. Espero hacer una transición suave, indolora, casi imperceptible. Pero seguramente va a ser para bien.








