Busque las diferencias

•Julio 7, 2009 • 1 comentario

Anticipando lo que podía (debía) pasar, el sábado me puse con el paint a diseñar afiches para el Huracán Campeón. El primero que hice fue éste:

afiche1

Pero la cosa salió al revés y éste otro salió publicado dos días después en la web de San Lorenzo:

diferencias

Ustedes dirán cuál tiene mayor impacto – creatividad – humor – patriotismo.

Perder

•Julio 7, 2009 • Deja un comentario
Primero fueron las elecciones y lo que podría haber sido indignación, tal vez por lo previsible y lo inevitable, terminó por ser ligera molestia. Mi voto no entró en el podio de la Capital. Me quedó el consuelo de que no era yo el que perdía, sino la ciudad. Es lo que dirían los que pierden si no tuviesen que salvar algo de reputación.
 
Ahora perdió Huracán y trato de ensayar la misma queja amarga: no perdió el equipo que yo alentaba, perdió el fútbol. Ángel Cappa dijo algo parecido. Y tiene razón. Durante el partido me enojé bastante, pero ahora no me dan muchas ganas de comentar. Así que copio el fragmento de un post que me pareció acertado:
Y asi como el utilitario de Vélez se adaptaba a cualquier cancha, Huracán resultaría ser un ganador sin estrella. Quizá uno de los ganadores que muy probablemente queden en la historia del fútbol argentino. Como aquella vez que Sócrates dijo acerca de la eliminación de Brasil, en pleno campo: “¿Perdimos? Mala suerte y peor para el fútbol”. Resulta anecdótico hoy por hoy el partido, quedaron notas de color: la interrupción por el fenómeno calamar-leporoso (?) hizo estragos en el minuto a minuto y las sugestivas declaraciones de Brazenas, afirmando que los hinchas de Vélez le agradecieron por el título camino al vestuario y, dijo también, no saber por qué. Que el Globo las tuvo en contra, las tuvo en contra, ni hablar. Que la suerte bien podría haberle hecho un guiño, también es cierto. Y no deja de faltar a la verdad que De Federico y Pastore jugaron muy contenidos y nerviosos y que la negación con el arco rival no fue la excepción para la final del torneo. Que Monzón tapándole el penal a López bien podría haber tenido otro efecto en el ánimo del equipo en lugar de dar esa sensación de “me hacen el gol” todo el tiempo. Detrás de todo ese anecdotario que fue el último partido del torneo, queda una sentencia cierta: este equipo hizo que hinchas de todos los demás cuadros (que no es lo mismo que todos los hinchas) quisieran que su equipo sea Huracán. Volvió a establecer el ya perdido romance entre público y protagonistas, asumiendo que al haber espectadores tiene que haber un espectáculo. Dejando de lado la cosificación del éxito y animándose a ser en cada partido. Siendo consciente de sus limitaciones pero que no se convirtieran en un obstáculo a la hora de querer construir más y más. Hinchas de todos los equipos quisieron que su equipo jugase como lo hizo Huracán a lo largo de todo este torneo, y si bien el resultado final es la decepción de la derrota física, haber sido el equipo que más lindo jugó al fútbol en 9 años que van de una década infame no es poco como para sentirse triunfador. Sin “inflador”, sin “mediatización”, sin nada. Fútbol, vieja (?). 22 tipos atrás de una pelota, el debate se termina en la línea de cal. Ahí está el intercambio de ideas y no antes. Escindiendo nombres propios, sacándole la camiseta, aún así Huracán encontró una identidad que rememoró a aquel Dream Team del 73, con el cual compartía la virtud de enamorar a la vista. Hacía rato, rato largo que en Argentina no se experimentaba algo así. Claro, existe el hincha de Huracán que probablemente lea esto y sienta que este pelotudo atrás de un teclado bien podría dedicarse a la autoayuda porque él se siente para el orto (?), y lo peor es que tiene razón. Pero hay maneras y maneras de perder, y haber sostenido la tan mentada, acusatoria y llena de Posmodernismo exitista “Mentira Huracán” durante todo un torneo, es suficiente como para inflar el pecho y saber que mañana será otro día”.
El resto de la nota acá.

El periodista

•Julio 4, 2009 • 2 comentarios

Cristina le dijo al periodista de Cadena 3 que su pregunta tenía una falla. Lo corrigió. El tipo le había hecho una pregunta con una afirmación implícita que ella tuvo que desmentir; de ahí la falla: eran dos preguntas en una. Apenas terminada la conferencia de prensa, todos los medios empezaron a analizar el supuesto exabrupto: ahora la presidenta quiere enseñarnos cómo hacer periodismo. El colmo, y además exacerbado por la soberbia tajante de sus palabras en la corrección. Los periodistas comentaban con sorna, y se entiende: lo de ellos es la humildad, tan necesaria para hablarle al pueblo (bah, a la gente). El incidente había dejado un saldo positivo para los imitadores, cómicos y pelotudos a sueldo. Y para los críticos o los defensores de la moral republicana, claro.

Dicen que el periodismo es un oficio. Lo dicen en las escuelas donde se intenta enseñar, en las universidades y en las redacciones: a escribir se aprende escribiendo. Y pese a que en ámbitos académicos quiera revestirse la actividad con teorías sobre el imaginario, la semiosis y el análisis discursivo, o darle al asunto de la comunicación un matiz social (se entiende: de compromiso social), lo que parece ser cierto es que ser periodista consiste, más que nada, en informarse y presentar una noticia con la mayor veracidad posible, y hacerlo de una forma que esté de acuerdo con las capacidades o las expectativas presentes, se supone, en la nebulosa de consumidores del medio para el cual se trabaja. Es por eso que la enseñanza periodística adopta la modalidad del taller: una vez más, a escribir se aprende escribiendo. Entonces, no es una ciencia. No maneja conceptos inasibles o de difícil acceso para el grueso de la sociedad. Por el contrario, la mera existencia de este tipo de conceptos haría peligrar su eficiencia (uno de los rasgos centrales en el producto periodístico).

Siempre pensé que toda ciencia es un sentido común especializado, o un sentido común en potencia, más que nada por la impresión de que el conocimiento que genera podría obtenerse al examinar un objeto con la debida paciencia. En el caso del periodismo, que no es una ciencia, es sentido común a secas, en el preciso momento en que se expresa y se reconstruye.

No se entiende, entonces, por qué tanta indignación cuando alguien de afuera, en este caso la presidenta, se mete con el periodismo. En el terreno legal, se puede relacionar con la discusión sobre el estatuto del periodista: ¿la actividad debería ser regulada de alguna forma?, ¿un tipo tiene que tener diploma para hacer periodismo o eso va contra la libertad de expresión? En los medios masivos, en todo caso, lo que queda es la queja indignada: ahora nos van a decir cómo tenemos que hacer las preguntas, nos va a enseñar técnica periodística. Lo dicen con el orgullo dolido de un cirujano que en plena operación hubiese sido cuestionado por el tipo que lustra los monitores de la sala, y en este sentido resulta hasta divertido. La raza de los periodistas, con sus intentos por ejercer la voz del pueblo, a veces me divierte. Otras veces me da bronca, puteo, los mandaría a la mierda.

Otras veces simplemente cambio de canal.

Hombre de ningún lugar

•Junio 23, 2009 • Deja un comentario

Hallazgo de la semana: disco de Sandro versionando a los Beatles!

Buen… para más de uno no será ninguna novedad, pero yo no tenía el dato y los temas me parecieron bastante amenos y bien logrados, como otras tantas cosas del gitano bonaerense.

Mención especial para los temas “Te conseguiré” y “Boleto para pasear”.

Wire!

•Junio 19, 2009 • Deja un comentario

Casi parecidos

•Junio 10, 2009 • 2 comentarios

Así como todo superhéroe tiene su Superman bizarro, todo artista pop tiene su símil electro-indie. Por ejemplo:

Julieta Venegas –> Javiera Mena

Emanuel Horvilleur –> Lucas Martí

Nótese lo siguiente:

  • Las nuevas versiones suelen superar a sus bocetos comerciales (en el supuesto, muy dudoso, de que un artista pop fogoneado por el mainstream sea un bosquejo de algo que un “artista indie” pueda ser en plenitud).
  • En cuanto a género, más allá del nivel de exposición y una búsqueda artística (apenas) más arriesgada, no existen grandes diferencias entre el electro-indie y el pop.
  • Lucas Martí, hermano de Emanuel Horvilleur, manoteó algo de fama cuando Pappo, tal vez en forma gratuita, lo calzó en un bar (sentenciando, en su puño, que pese a toda su prédica democrática de apertura, el verdadero rock es de lo más poronga y autoritario). El incidente traza una analogía con el lamentable periodista Martín Ciccioli, quien abandonó el anonimato de la profesión al recibir una escupida de José Luis Chilavert.

Video de Javiera:

 
De Lucas:
 
 
De los dos:
 
 
Nótese también que el autor del post habla de “mainstream” en lugar de “industria cultural”, por una economía de palabras y para evitar el uso de términos setentistas.

Breakable

•Junio 3, 2009 • Deja un comentario

Me rompí el brazo. Para ser más preciso, la muñeca. Más: el escafoides, que parecer ser un hueso minúsculo, complicado, traicionero. Lo peor fue tener que reconocer el carácter frágil de mi humanidad: con el tiempo y la salida airosa en sucesivos deportes, me autoconvencí de que era inmune a los golpes, algo así como Bruce Willis en Unbreakable.

Y pese a que la lesión pertenece al fútbol, no tuvo nada de heroica: estaba al arco, me patearon, puse mal la mano, la pelota me dobló la muñeca y entró igual. Al día siguiente, en la guardia de la clínica, estudios, salas de espera, y la novedad desde la sonrisa del médico.

Cuando me enyesaron, tras un momento de repasar aspectos básicos de la nueva condición (si puedo trabajar, cuáles serán las principales molestias, ensayar explicaciones) pensé en hacer una lista con pros y contras de tener un yeso en la mano hábil. En este caso, la izquierda. Anticipé que las contras serían más. Después desistí: escribir así cuesta el doble. Lo bueno, diría un amigo, es que uno piensa más (¿y mejor?).

Además, contra todo pronóstico, tuve una especie de depresión por invalidez. Más que nada por no poder hacer ciertas cosas (cortar la comida, escribir, tocar piano o guitarra, sonarme los dedos) y por modificar ciertas otras (bañarme con una bolsa de consorcio, caminar con pañuelo al cuello, dormir en otra posición). Así y todo, podría haber sido peor.

El inconveniente le puso un freno a la producción del disco, que gana en ideas y hace la plancha en realización. La invalidez me deja un terreno acotado para retocar detalles y experimentar: de pronto hago una base con batería electrónica, divertida, y al rato la borro. No sé si entregarme a la modernidad o conservar las tradiciones y la esencia. Para ponerlo en términos uruguayos, si Dani Umpi o Jorge Drexler.

Mientras tanto, Huracán golea, Pastore divierte, el LHC trastabilla, las elecciones anuncian un previsible juego retórico que no por lo gastado deja de entretener, Andy Chango se esmera en un disco voluntarioso y las pestes sobrevuelan el planeta. Y yo descubro a Asimov (casi tan sincero como los Beach Boys) y redescubro mi capacidad inoperativa, ahora reforzada y, lo mejor, justificada.

Y de reojo miro a Tinelli: volvió Leo Rosenwasser, que nunca debería haberse ido.

Pet Sounds, de Jim Fusilli

•Abril 20, 2009 • 1 comentario

Me prestaron un libro sobre el disco Pet Sounds, de los Beach Boys. El libro se llama, también, Pet Sounds, y está escrito por Jim Fusilli, un periodista de rock neoyorquino, que escribe para el Wall Street Journal. La edición pertenece a una colección de bolsillo, en inglés, que un amigo compró por internet.

Nunca había leído un libro cuyo tema sea un disco, no una banda sino un disco. Empezó mal, y mientras leía una introducción donde el autor relata su infancia (que, por supuesto, nada tiene que ver con Pet Sounds) y mientras anticipaba un montón de páginas de experiencias subjetivas que relacionaran su vida con las letras de las canciones, me preguntaba qué otra cosa podía esperar.

Pero no. La prosa empezó a mejorar, los recuerdos anodinos se hicieron más espaciados hasta desaparecer, y el que apareció fue Brian Wilson. El proceso de creación del disco, sus antecedentes, la historia de la familia Wilson. Algunas cosas las sabía por una serie de entregas, en formato de cine, de Hallmark: The Beach Boys, an American Band. En el momento (creo que por un prejuicio hacia Hallmark), me pareció que todo era inventado, pero resultó que no. El libro lo confirma: Brian era bastante sufrido y Murry, el padre, molesto y exigente. Hasta un poco enfermizo. Leì un par de capìtulos nomás, falta más de la mitad, pero viene interesante.

También me enterè de que el tema favorito de Brian era “Be my baby“, de Phil Spector. Leer eso fue emocionante: también me gusta mucho ese tema, y me lo imagino, de alguna forma, a Brian Wilson frente al piano interpretándolo. Moviendo la cabeza y todo. Me lo imagino en la casa que aparece en la pelìcula (mi imaginación tiene límites algo estrechos).

ver

Siempre me gustaron los Beach Boys. En principio, supongo, era por las armonías, la multiplicación de voces. Tenían algo de Dion & The Belmonts y de los Everly Brothers. Es decir, cosas naif, juveniles. Pero, además, los Beach Boys siempre tuvieron algo que los Beatles no. Que otras bandas tampoco. Tal vez me caigan bien los Estados Unidos solamente por ellos, o porque ese país representa lo que son ellos, o ellos al país, o algo así.

Los Beach Boys no reniegan de sus temas alegres y simples. En un disco como Pet Sounds, está el tema Wouldn’t it be nice. No sólo está, sino que abre el disco. Cuando quiere, Brian te aclara puede hacer cosas complejas y brillantes, pero eso no es lo fundamental. Tiene unos pocos temas horribles también. Lo que no tiene es ironía, suspicacia, media sonrisa afeminada. Algunas bandas tienen esa media sonrisa, esa sensación de que te están contando otra cosa distinta de lo que dice la letra, de que tenés que ser cómplice y entender los códigos para disfrutarlo. Ese regocijo indie, la necesidad de ser una minoría y pensar en consecuencia. Y eso, a veces, cuando hay inteligencia, cuando está bien llevado, puede estar muy bien. Lo hacen los Kinks, por ejemplo. Está muy bien, pero no siempre funciona.

Los Beach Boys, en cambio, son una banda convencida de lo que hace, y lo hacen alegremente y con seriedad. No tienen tiempo para divertirte con juegos retóricos porque, entre otras cosas, saben que no son una minoría. Entienden que trabajan para un público masivo y saben que, en todo caso, más que obviarlo o reírse de él, pueden aspirar a redefinirlo. Entonces, intentan hacerlo. Bastante hicieron, supongo.

Y cada tanto, cuando te sonreís por dentro pensando en letras básicas como la de “Surfin’”, Brian te aclara que no es (solo) lo que vos pensás, que puede ser algo más. Que también hay cosas trágicas, pero para qué exagerar. Lo más importante, al fin y al cabo, es la sinceridad.

“I know perfectly well I’m not where I should be”.

Kate & Joanna

•Marzo 30, 2009 • Deja un comentario

Encontré una voz y unos giros que me hicieron acordar a Kate Bush. Fue algo bueno. Una segunda impresión confirma la primera. Para qué abundar. Se llama Joanna Newsom y, según Wikipedia, es de California.

Un par de videos de Kate

 

Y una joyita con Mr. Bean (no me sorprendió que, además de todo lo que hace, este gran hombre sepa cantar)

Un EP de Joanna, para completar.

Carnaval

•Marzo 24, 2009 • Deja un comentario

Este año, joven aún, ya cuenta con varias salidas interesantes y novedosas. En lo personal, claro. En lo político, parece que otra vez está la crisis del campo, que ya no es interesante (ya se gastaron un poco el conjunto de equivalencias que te hacían ponerte de un lado o del otro) y ciertamente tampoco es novedosa. River sigue sin jugar bien pero al menos gana. Maradona te hace ilusionar. Riquelme demostró ser un tipo que está bien parado, y se ganó cierto respeto. Zambayonny está asentado, da buenos recitales en la Cava (dicen) y tiene canciones nuevas donde confirma su contundencia. En los diarios ya no se habla tanto de la crisis, que pasó más desapercibida de lo que uno hubiese esperado (comentario irresponsable y sin ningún tipo de fundamento… es una sensación nomás, reforzada por el hecho de tener trabajo y de limitar la información a los cinco minutos en que despierto con TN).

Y en Brasil está la alegría. Doy fe. Ni siquiera hay que irse a Río o Ferrugem ni comprar un paquete turístico. Uruguayana queda bien al sur, pegada a una parte de la frontera que comparte, en el lado argentino, con Paso de los Libres. Pese a la cercanía, es una ciudad claramente brasileña, con los carteles de las calles pintados de verde, la música acompasada por los carritos de cachorro quente, las remeras del Gremio y del Inter, y de argentinos y uruguayos hay poco y nada.

Uruguayana tiene el último carnaval del año, que se festeja una semana más tarde (o algo así, el dato no está chequeado) que en otras ciudades de Brasil. Son diez calles alfombradas, con tribunas a ambos lados interrumpidas por puestos de comida / bebida y ocupadas por torcedores moderados, alegres y familieros. Porque cada scola representa a una parte de la ciudad y tiene su hinchada, sus trapos, ídolos (en una carroza había una imagen de Dalessandro) y colores. De 22 a 06, de jueves a sábado, desfilan y uno siente una euforia terrible. Más allá de la historia del carnaval, de su marketing y del imaginario, no pensaba que podía ser así. Y no sé si eran las canciones, el clima, las mujeres o qué, pero no podés dejar de moverte. Y es casi como si no hiciera falta emborracharse. Uno se emborracha igual, por costumbre y porque el cuerpo pide, pero bien podría ahorrarse esos reales y dejarse llevar por ese torrente anímico.

carnaval_2da_noite_118

Lo malo es volver. La depresión parecida a la abstinencia de cualquier tipo. Buenos Aires, hay que decirlo, es aburrida. Queda la posibilidad de ir el año que viene. Dicen que los ensayos son mejores todavía que el propio carnaval.