Música online

•Febrero 1, 2010 • Dejar un comentario

Un servicio a la comunidad: Grooveshark es una página donde se puede escuchar música online, y uno encuentra casi cualquier cosa. Hasta bandas indies locales. Además, podés registrarte y eso te habilita a armar listas de temas, según épocas, estados de ánimo, etc. Hace años, me contaron, esto mismo se hacía con cassettes, y llevaba mucho tiempo.

En Grooveshark también podés compartir tu lista (mandar el link por mail). A diferencia de LastFM, no funciona como una comunidad y no hay que instalarse nada.

La gente de Grooveshark no me paga nada por esta publicidad gratuita. (Pero debería). No me pagan porque no estoy seguro de que tengan esa política, y porque de alguna forma pienso que intuirían que aún no paso el promedio de las 30 visitas diarias. Pero lo hago de todas formas, ya que me dio muchas satisfacciones en las interminables tardes laborales.

Para armar la lista hay que buscar los temas, agregarlos y hacer click en el botón Save. Le ponés un nombre, y queda grabada y listada a la izquierda de la pantalla.

 

 

El mundo signado por la publicidad

•Enero 21, 2010 • 1 comentario

Cuando era joven (OK, más joven…) hacía chistes gráficos en el paint. Muy precarios, pero con ideas maravillosas. No, en serio: a veces me encuentro con estos materiales de otro tiempo, y me ayudan a entender a aquel preadolescente, a partir del cual se configuraría un intento de adulto, y cuáles eran sus preocupaciones. Lo que antes se encontraba en el fondo de un cajón, hoy aparece en la carpeta más impensada de un back-up.

Entonces no pensaba que la tecnología me iba a dar la posibilidad de realizar incluso videos con el mismo material, ¡y darlos a conocer al mundo!

Karaoke – Versiones literales

•Enero 15, 2010 • 1 comentario

Oops I did it again…!

•Enero 13, 2010 • Dejar un comentario

Año nuevo

•Enero 12, 2010 • Dejar un comentario

¿Y qué análisis hacemos del año que se fue? ¿Es la pregunta insalvable de la primera semana de enero? ¿O la gente ya no piensa en eso? ¿Qué tal tu año? El mío, muy bueno. Como suele decirse de una obra, funcionó a varios niveles. Pero se vio eclipsado por la circunstancia: para el mundo (es decir, todo eso que queda por fuera de uno mismo), no fue un año tan bueno. No… Se murió mucha gente. Como casi todos los años, pero esta vez gente que tenía cierto peso o que había cosechado cierta estima.

En diciembre recibí de una casilla de España un mail, de esos graciosos, con fotos y tipografía a colores. Carta de un niño a Papá Noel donde se queja de que se llevó a su actor preferido (Patrick Swayze), músico preferido (Michael Jackson), etc. y el remate es “quería comentarte que mi político preferido es Zapatero”. La respuesta local no tardó en llegar. Dos días más tarde, mismo chiste pero en el remate decía Néstor Kirchner. No fue gracioso. No por el tema de la investidura presidencial, tampoco por ser una copia; simplemente porque no lo fue.

Creo que en el humor se puede hacer de todo, pero en los casos más delicados (racismo, humor negro, escatológico, tragedias) hay un riesgo mayor, que implica que el chiste debe ser más gracioso que la media de los chistes. Es como una ecuación: la cuota de humor tiene que ascender en forma proporcional al riesgo que se asume. No lo dice Judy Carter en su comedy bible (al menos no lo dijo hasta ahora… la estoy terminando) pero me parece una regla bastante sólida. Ella dice que estos temas son válidos siempre y cuando uno pueda hablar desde la experiencia (por ejemplo, hacer chistes sobre una minoría sólo si se pertenece a esa minoría). Lo malo del consejo es que ahora en Miami hay cientos de latinos que hacen humor sobre “ser latinos y discriminados”: ya ni tienen que pensar el tópico.

Desde que hago stand up, pienso en estas cosas. También, en situaciones cotidianas y vueltas de rosca para convertir las situaciones en material. Y no soy el único. Surge un chiste o anécdota graciosa entre amigos, y alguien dice “anotalo para el próximo monólogo”. Tiene algo de bueno, el interés real por lo que se hace. Pero a la vez uno pasa a tener algo de impostor, de juntapuchos al acecho del próximo comentario original, dispuesto a sacarle el mayor provecho posible. El riesgo es que se puede perder la espontaneidad. Pero no es un verdadero riesgo…

La verdad es que la espontaneidad está muy sobrevalorada.

Conversaciones de baño

•Diciembre 28, 2009 • Dejar un comentario

Donde trabajo pusieron baños más grandes. Tiene que ver con una serie de reformas que vienen haciendo en el edificio, porque aumentaron el personal. Antes, en planta baja había un solo habitáculo que contenía un inodoro y una pileta. Había que ir de uno por vez (y era un problema, teniendo en cuenta la costumbre tan arraigada de dormir la siesta en el baño). Ahora hay dos mingitorios, la pileta es más grande, y hay tres cubículos. Con lo cual, puede haber hasta tres personas al mismo tiempo, y se generan pequeñas charlas.

En el futuro de ficción de Asimov, estaba prohibido hablar en el baño. Era uno de los tabúes más fuertes de la sociedad. Acá no: es incluso deseable. Hasta se podría decir que uno tiene que excusarse: “¿Y? ¿Cómo andás?”. “Bien, ahora más aliviado, ¡je!”.

 ¿De qué se puede hablar? De trabajo, seguro que no. Sexo, menos. En definitiva, tiene que ser la típica charla intrascendente. Y es fundamental que tenga una cuota de humor. Si uno está muy serio en el baño, es motivo de sospecha, es porque esconde algo: tapó un inodoro por usar papel en exceso, durmió de más, o entró nomás para pispear (la enumeración es en orden de gravedad ascendente).

Sin embargo, pueden enumerarse algunas reglas. Primero, la charla tiene que ser breve. No más de tres intercambios de líneas. Esto se tiene que tener en cuenta al elegir el tópico. Supongamos que hablamos de una serie, por ejemplo Lost. Es sabido que si decís “¿viste Lost?” y la otra persona lo vio y es fanática, va a querer comentarlo. Y eso te demora en el baño más de la cuenta, lo cual no es deseable desde ningún punto de vista.

Tampoco es bueno hablar de comidas, ni de nada que tenga que ver con gustos y aromas, por razones obvias. Ni para bien ni para mal. A veces, todo está en el tono. Uno puede decir “qué mal me cayeron los canelones” siempre y cuando sea en clave graciosa… si uno lo dice serio y consternado, cae mal, cuando no preocupa.

Una más. Por regla general, en la vida cotidiana suele desestimarse el uso de lugares comunes o frases hechas. Hacen a uno quedar como un autómata que habla con el cassette puesto. Sin embargo, en el baño pueden utilizarse para salvar un apuro. No quedan mal, son breves y sirven para cumplir con el comentario obligado.

Ahora, si usted es monotributista y/o cuentapropista, ¡vaya al baño como quiera! (disculpen, desde que hago stand up se me hace casi imposible reprimir estos chistes fáciles).

 

En serio… ¿sos gracioso?

•Diciembre 20, 2009 • Dejar un comentario

Hay gente que se ríe en el momento justo. Hay gente que no.

A veces te sorprendés con material que no le tenías fe y funciona bien. A veces se da la situación inversa.

Hay gente que la mirás y te das cuenta que la está pasando bien. Hay gente que no, que te mira como compadeciendose de tu estupidez.

A veces hay murmullos y a veces aplausos espontáneos. Esas veces, no sé qué cara poner.

Hace una semana, con el grupo de stand up, empezamos las presentaciones. El viernes 11 en la sala Colette del Paseo La Plaza; el jueves 17 en El Bululú (por lo que me dijeron, el único club de comedia de la ciudad). Dicen que estuvo bien. Los familiares y los ‘entendidos’, dicen que el nivel es bueno. Uno con el tiempo va ganando aplomo, desgranando inseguridades y (esto es casi una constante) las presentaciones terminan por volverse una adicción. A nosotros nos queda una dosis más: el miércoles 23, otra vez en el Paseo La Plaza, en la Terraza. La idea es cerrar el año, un buen año, de la mejor manera. Y en el 2010 volver con algo armado, autogestionado… aunque por el momento no sea más que una expresión de deseo.

 

Los best sellers

•Diciembre 2, 2009 • Dejar un comentario

El suplemento cultural de La Nación, ADN Cultura, cada vez me cae peor. Por un lado, se vuelven insoportables los comentarios gráficos (algo bien distinto al humor gráfico: ni siquiera hay un intento de ocurrencia / gracia) del sensible Liniers. Y la otra vez había un artículo de media página de Vicente Battista donde hablaba envenenado sobre la última novela de Dan Brown. No tan ensañado con el autor como con sus lectores.

No entendía tanta indignación hasta que vi, en la página siguiente, el libro al que hacía referencia en la cima del ranking de ventas.

No es la primera vez con Battista. Hace unos años, en el Malba, en la presentación de una antología de un taller al que yo asistía, también hizo su descargo contra Dan Brown. En esa ocasión, a modo de comentario irónico (“o si no, pueden ir a leer El código Da Vinci”), muy celebrado por el público. Varios años después, el tipo sigue escribiendo best sellers, y Vicente Battista se sigue enojando.

Parece ser una cosa bastante terrible, esto de escribir best sellers. Seguro Vicente Battista no es el único, pero al menos algunos colegas entienden que esa crítica ya es un cliché, y se la evitan. Hace tiempo que se discute el tema, y un poco empezó a aburrir.

En lo personal, me llama la atención que con el cine no pasa lo mismo. Hay películas pasatistas y otras para pensar. Pero nadie se queja de que en los canales de cable pasen “Mi novia Polly” mucho más que “La chica del puente”. Es como si hubiese un consenso: cada tanto, se puede ver una película de mierda. O está bien que este cine tenga su público. Pero si el mismo público lee a John Grisham, está todo mal.

Tampoco pasa en la música. O tal vez sí pasa, pero son comentarios de minorías amargadas, algo snob, y nadie le da mucha importancia. Nunca saldría en un suplemento “joven” de un matutino. En el mundillo literario, es al revés: el juicio despectivo parece ser la norma.

Así que, según parece, el problema está en el soporte. Entre líneas se lee que el cine en definitiva está hecho para las masas, y los libros para escasos lectores. Por eso, si los escasos lectores leen best sellers, todo está perdido.

A lo que voy es… toda crítica debería ser, al menos en parte, constructiva. Puede estar también, en el medio, cada tanto, el comentario cínico injustificado. Pero algo se tiene que rescatar. Si vas a escribir sobre algo con lo que no adherís en absoluto, donde no hay nada que pueda ser considerado, ya no es una crítica. Es una forma de posicionarse. Como escribir un graffiti. Pero menos genuino.

Nuevo Festipulenta

•Noviembre 25, 2009 • Dejar un comentario

Este finde, nuevo Festipulenta. Cuarta edición, tal vez la última del año. Con una muy buena oferta:

El lugar es nuevo, pero supongo que será similar a las ediciones anteriores: cerveza no muy cara; mesitas para sentarse y charlar; stands para comprar libros, discos, comics. Y muchas bandas (está repartido el tema… iría las dos veces, pero por otros compromisos hay que elegir, así que voy el domingo). Muy recomendable.

Más info de las bandas y del festival.

Último día del Pepsi Music: algunas postales

•Noviembre 25, 2009 • Dejar un comentario

1) Cada vez hay más stands que ofrecen lo mismo. Y pusieron una máquina de batucada-do-it-yourself. Por suerte, lejos de los escenarios.

2) Karamelo Santo cantando “dale a tu cuerpo alegría marihuana”. En estos casos extremos uno hasta llega a entender a las señoras que resoplan y se quejan de la juventud perdida.

3) La rubia de Ting Tings dándole al cencerro. Pienso en el sketch de Will Ferrell y Christopher Walken “More cowbell”. Divertido Ting Tings, lástima la hora, el sol de lleno en la frente.

4) Los Tipitos aburriendo a veinte mil personas. Un par de chicas bailaban.

5) El clima festivo que generan los Decadentes, ya casi sin esfuerzo. Los temas del disco solista de Jorge Serrano, recibidos con entusiasmo (un par de los Superratones hacían coros a lo Beach Boys, qué buen momento).

6) Dante tirando, al pasar, que tal vez vuelve Illya Kuryaki.

7) La mafia de los panchos aumentando los precios según el momento de la noche.

8 ) La gente dandole la espalda a Vicentico, impaciente por ver a Calle 13. Vicentico desesperado tratando de hacer que se vuelvan. “No vamos a volver a tocar juntos por un tiempo”.

9) El salame de Calle 13 diciendo que todos los presidentes lo odian, y que él es el pueblo (uno más…).

10) Los alaridos de las fans del “residente”, “visitante” o como se llame. Creo que es la primera vez que voy a un recital que incluye alaridos.

11) La voz imponente de la mina que canta en Calle 13. Para nada una segunda voz. Lo mejor, lejos, de la banda.

12) El caprichoso de Calle 13 anunciando que iba a seguir tocando y que de ahí no lo sacaba nadie, pese a eran las doce y media y le comía tiempo y público (era domingo y la gente trabaja) al set de Catupecu Machu*.

 

* Lo de Catupecu fue una pena: las veces que los vi en vivo sonaban bien, y esta vez no me pude quedar (más de 7 hs en un recital le pasan factura a las piernas de cualquiera). Dicen que la banda evolucionó mucho. Yo creo que simplemente mutó. ¿Toda mutación es una evolución? No sé, pregúntenle a Charles Xavier.

** Además, en Calle 13 me quisieron manotear la billetera (eso que la puse en el bolsillo delantero). No hay códigos.