Varsovia

Varsovia es una ciudad enorme, vieja, histórica. Y un poco gris. Me hacía acordar al título “Gris de ausencia”, la obrita de Roberto Cossa. Da la sensación de que pasaron cosas muy importantes y que después se fue apagando y toda la gente que quedó está feliz con esa media luz. Lo cual, claro, está muy bien: uno se acostumbra rápido y se siente más tranquilo. La gente toma shots de vodka y come salchichas al mismo tiempo. Hay un centro histórico, el Stare Miasto, con construcciones de hace siglos: un castillo, un palacio real, decenas de monumentos. Pero en realidad son reconstrucciones, porque Varsovia fue la ciudad más arrasada durante la Segunda Guerra, y después recrearon todo lo antiguo basándose en fotos y pinturas. En el Museo de los Insurrectos (Museum of Warsaw Raising) se puede ver una proyección 3D donde sobrevolás la ciudad en 1945: todo gris ceniza, edificios y casas sin techos, puentes caídos. Parece una escena del Medal of Honor, y cuesta creer que eso pasó de verdad. Son frases hechas y sensaciones trilladas, pero ahí uno realmente las experimenta. También hay una estatua muy famosa de un nene vestido de soldado, con un casco que le queda grande: The Little Insurgent. En una esquina cruzando en diagonal al Palacio Presidencial hay una especie de cantina con una barra en L donde se puede comer de parado, tomar vodka y cerveza por cuatro zloties (en marzo de 2011, el zloty estaba más o menos como el peso argentino, así que imagínense). De noche abren las puertas y hay gente hasta en la esquina… vendría a ser como El Único de Palermo, pero más interesante y con gente más genuina (hay tipos derrotados y dormidos en las esquinas, cosa que acá no pasa).

Varsovia tiene sus celebridades del pasado, muchas de las cuales emigraron a otros lados. El más célebre es Fredrick Chopin, el músico; también están Podolski, el falso delantero alemán; Joseph Conrad, el falso escritor americano; y Magneto, el X-Men malo. Por las calles hay una mezcla de arraigo de las tradiciones salpicado por tiendas norteamericanas (mucho Subway, KFC, H&M). Entre tanto, era difícil encontrar un buen restaurante de comida tradicional polaca. Pero al final lo encontré, y le voy a dedicar un post entero porque fue una experiencia impactante.

En el centro histórico, había un hombre con una caja musical.

 

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~ por nacho en mayo 2, 2011.

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