Año nuevo

¿Y qué análisis hacemos del año que se fue? ¿Es la pregunta insalvable de la primera semana de enero? ¿O la gente ya no piensa en eso? ¿Qué tal tu año? El mío, muy bueno. Como suele decirse de una obra, funcionó a varios niveles. Pero se vio eclipsado por la circunstancia: para el mundo (es decir, todo eso que queda por fuera de uno mismo), no fue un año tan bueno. No… Se murió mucha gente. Como casi todos los años, pero esta vez gente que tenía cierto peso o que había cosechado cierta estima.

En diciembre recibí de una casilla de España un mail, de esos graciosos, con fotos y tipografía a colores. Carta de un niño a Papá Noel donde se queja de que se llevó a su actor preferido (Patrick Swayze), músico preferido (Michael Jackson), etc. y el remate es “quería comentarte que mi político preferido es Zapatero”. La respuesta local no tardó en llegar. Dos días más tarde, mismo chiste pero en el remate decía Néstor Kirchner. No fue gracioso. No por el tema de la investidura presidencial, tampoco por ser una copia; simplemente porque no lo fue.

Creo que en el humor se puede hacer de todo, pero en los casos más delicados (racismo, humor negro, escatológico, tragedias) hay un riesgo mayor, que implica que el chiste debe ser más gracioso que la media de los chistes. Es como una ecuación: la cuota de humor tiene que ascender en forma proporcional al riesgo que se asume. No lo dice Judy Carter en su comedy bible (al menos no lo dijo hasta ahora… la estoy terminando) pero me parece una regla bastante sólida. Ella dice que estos temas son válidos siempre y cuando uno pueda hablar desde la experiencia (por ejemplo, hacer chistes sobre una minoría sólo si se pertenece a esa minoría). Lo malo del consejo es que ahora en Miami hay cientos de latinos que hacen humor sobre “ser latinos y discriminados”: ya ni tienen que pensar el tópico.

Desde que hago stand up, pienso en estas cosas. También, en situaciones cotidianas y vueltas de rosca para convertir las situaciones en material. Y no soy el único. Surge un chiste o anécdota graciosa entre amigos, y alguien dice “anotalo para el próximo monólogo”. Tiene algo de bueno, el interés real por lo que se hace. Pero a la vez uno pasa a tener algo de impostor, de juntapuchos al acecho del próximo comentario original, dispuesto a sacarle el mayor provecho posible. El riesgo es que se puede perder la espontaneidad. Pero no es un verdadero riesgo…

La verdad es que la espontaneidad está muy sobrevalorada.

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~ por nacho en enero 12, 2010.

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