Conversaciones de baño

Donde trabajo pusieron baños más grandes. Tiene que ver con una serie de reformas que vienen haciendo en el edificio, porque aumentaron el personal. Antes, en planta baja había un solo habitáculo que contenía un inodoro y una pileta. Había que ir de uno por vez (y era un problema, teniendo en cuenta la costumbre tan arraigada de dormir la siesta en el baño). Ahora hay dos mingitorios, la pileta es más grande, y hay tres cubículos. Con lo cual, puede haber hasta tres personas al mismo tiempo, y se generan pequeñas charlas.

En el futuro de ficción de Asimov, estaba prohibido hablar en el baño. Era uno de los tabúes más fuertes de la sociedad. Acá no: es incluso deseable. Hasta se podría decir que uno tiene que excusarse: “¿Y? ¿Cómo andás?”. “Bien, ahora más aliviado, ¡je!”.

 ¿De qué se puede hablar? De trabajo, seguro que no. Sexo, menos. En definitiva, tiene que ser la típica charla intrascendente. Y es fundamental que tenga una cuota de humor. Si uno está muy serio en el baño, es motivo de sospecha, es porque esconde algo: tapó un inodoro por usar papel en exceso, durmió de más, o entró nomás para pispear (la enumeración es en orden de gravedad ascendente).

Sin embargo, pueden enumerarse algunas reglas. Primero, la charla tiene que ser breve. No más de tres intercambios de líneas. Esto se tiene que tener en cuenta al elegir el tópico. Supongamos que hablamos de una serie, por ejemplo Lost. Es sabido que si decís “¿viste Lost?” y la otra persona lo vio y es fanática, va a querer comentarlo. Y eso te demora en el baño más de la cuenta, lo cual no es deseable desde ningún punto de vista.

Tampoco es bueno hablar de comidas, ni de nada que tenga que ver con gustos y aromas, por razones obvias. Ni para bien ni para mal. A veces, todo está en el tono. Uno puede decir “qué mal me cayeron los canelones” siempre y cuando sea en clave graciosa… si uno lo dice serio y consternado, cae mal, cuando no preocupa.

Una más. Por regla general, en la vida cotidiana suele desestimarse el uso de lugares comunes o frases hechas. Hacen a uno quedar como un autómata que habla con el cassette puesto. Sin embargo, en el baño pueden utilizarse para salvar un apuro. No quedan mal, son breves y sirven para cumplir con el comentario obligado.

Ahora, si usted es monotributista y/o cuentapropista, ¡vaya al baño como quiera! (disculpen, desde que hago stand up se me hace casi imposible reprimir estos chistes fáciles).

 
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~ por nacho en diciembre 28, 2009.

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