Carnaval

Este año, joven aún, ya cuenta con varias salidas interesantes y novedosas. En lo personal, claro. En lo político, parece que otra vez está la crisis del campo, que ya no es interesante (ya se gastaron un poco el conjunto de equivalencias que te hacían ponerte de un lado o del otro) y ciertamente tampoco es novedosa. River sigue sin jugar bien pero al menos gana. Maradona te hace ilusionar. Riquelme demostró ser un tipo que está bien parado, y se ganó cierto respeto. Zambayonny está asentado, da buenos recitales en la Cava (dicen) y tiene canciones nuevas donde confirma su contundencia. En los diarios ya no se habla tanto de la crisis, que pasó más desapercibida de lo que uno hubiese esperado (comentario irresponsable y sin ningún tipo de fundamento… es una sensación nomás, reforzada por el hecho de tener trabajo y de limitar la información a los cinco minutos en que despierto con TN).

Y en Brasil está la alegría. Doy fe. Ni siquiera hay que irse a Río o Ferrugem ni comprar un paquete turístico. Uruguayana queda bien al sur, pegada a una parte de la frontera que comparte, en el lado argentino, con Paso de los Libres. Pese a la cercanía, es una ciudad claramente brasileña, con los carteles de las calles pintados de verde, la música acompasada por los carritos de cachorro quente, las remeras del Gremio y del Inter, y de argentinos y uruguayos hay poco y nada.

Uruguayana tiene el último carnaval del año, que se festeja una semana más tarde (o algo así, el dato no está chequeado) que en otras ciudades de Brasil. Son diez calles alfombradas, con tribunas a ambos lados interrumpidas por puestos de comida / bebida y ocupadas por torcedores moderados, alegres y familieros. Porque cada scola representa a una parte de la ciudad y tiene su hinchada, sus trapos, ídolos (en una carroza había una imagen de Dalessandro) y colores. De 22 a 06, de jueves a sábado, desfilan y uno siente una euforia terrible. Más allá de la historia del carnaval, de su marketing y del imaginario, no pensaba que podía ser así. Y no sé si eran las canciones, el clima, las mujeres o qué, pero no podés dejar de moverte. Y es casi como si no hiciera falta emborracharse. Uno se emborracha igual, por costumbre y porque el cuerpo pide, pero bien podría ahorrarse esos reales y dejarse llevar por ese torrente anímico.

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Lo malo es volver. La depresión parecida a la abstinencia de cualquier tipo. Buenos Aires, hay que decirlo, es aburrida. Queda la posibilidad de ir el año que viene. Dicen que los ensayos son mejores todavía que el propio carnaval.

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~ por nacho en marzo 24, 2009.

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