Verano

La nueva odontóloga me cae bien. Admito que me cae bien desde que entro a la consulta. Habla rápido, con gracia natural, comentarios que nunca parecen forzados y te obligan a sonreir. Tenés las encías un poco inflamadas, dice. Le cuento que es porque, pese a que lo hago tres veces por día, no me sé cepillar. Se ríe, me da consejos para ganar en calidad de vida. Es como una madre. Cuando estudié las categorizaciones de consumidores, supe que yo era un “materno-filial”. A mí los vendedores y las dentistas me entran por los afectos. Entonces, esto puede ser el inicio de una gran amistad.

Me mandó radiografías y me derivó también a un kinesiólogo. Ando jodido, parece. Pero feliz. Más o menos, moderadamente feliz. Mi enero estuvo amigable: fiesta de cumpleaños, escapada a Gesell, algunos hallazgos veraniegos, novelas de Asimov, recibir sms de un amigo que contaba sus aventuras por Salta, leer el blog de otro que se fue más al norte, fomentar nuevas relaciones, jugar a la pelota.

Y aunque estuve en Buenos Aires casi todo el tiempo,

  • No leí un diario
  • No escuché el discurso de Obama
  • No escribí una palabra

Todavía no sé si va a ser un verano o un año improductivo.

Ah, también escuché como cien veces este tema:

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~ por nacho en febrero 1, 2009.

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