Tres líneas de felicidad

Algún bizantino comandante denunció este fraude gobernante. Hondo impacto juvenil: Kraus lo manifestó: “ninguna organización podrá quebrar renovado sistema; tendremos una violenta (W, X) yuxtaposición zimbólica”.

 

Marcelo dijo hola; la pared dijo chau. Marcelo dijo blanco; la pared dijo negro. Marcelo dijo Marx; la pared dijo Marx. Marcelo sintió que la vida lo superaba y, con lágrimas en los ojos, acercó el frío metal del revólver a sus labios.

 

Cuando me siento deprimido, toco el piano. El piano se deja tocar, pero me aclara que otros lo han tocado mejor. Digo que practicaré, mejoraré y pronto lo haré feliz. Suspira en si bemol: para evitarnos sufrir, algunas verdades se ocultan.

 

Quisiera abrazar a la actriz porno, decirle todos te usan pero sólo yo te quiero. En un sueño, sobrevuelo las habitaciones de otros hombres, desnudos, amedrentados, en un temblor dicen todos te usan pero sólo yo te quiero.

 

La nueva camisa floreada me hace feliz. Luego, se rompe. Renuevo mi felicidad al comprobar que dispongo de dinero suficiente para comprarme otra. Dos, quizá. En el local, compro tres y la vendedora me hace un guiño: nos entendemos.

 

El comediante presentó en el teatro su nueva rutina: chistes de travestis y de judíos. Al finalizar, el público lo abucheó y el comediante pensó: “en este país de mierda, lleno de negros y de mediocres, no valoran nada”.

 

El comediante insistió con una nueva rutina: desnudarse, retorcerse en el suelo y gritar mamá. La gran mayoría del público no entendió. Pero dos psicoanalistas se miraron entre sí y, reconfortados, asintieron.

 

Casi muero al ver que Reba West no es hermosa. Los hacedores de Robotech me mintieron: Lyn Minmai es hermosa. Escribo una carta de queja a los estudios. Como toda respuesta, me envían un póster de la serie. En consecuencia, soy feliz.

 

En la historia académica argentina, hay demasiados Bunges. En Europa, el frío es ley. En Marte, se burlan de nuestros corresponsales mecánicos. En la historia universal de la literatura, este tipo de ejercicios no tienen lugar.

 

El hijo del presidente quiso ser un ciudadano común y se granjeó un trabajo en una verdulería. En la primera discusión, el dueño dijo “acá mando yo”. Al otro día, el hijo del presidente volvió a ser el hijo del presidente.

 

Existe una fórmula universal para ser admirado en el mundo académico de las ciencias sociales: declararse anticartesiano, redescubridor de Kierkegaard, superador de Marx, y barba de dos días.

 

Zeta Yelena Ximena Wilkowsky volvió una tarde. Se robó quinientos pesos: otra nihilista malvada. La Karina jamás intentó humillarla. Graciela fue estúpida, dijo Clara. Basta, andate.

 

Un ejercicio viejo. Un poco tonto, sí. Se llamaba “Tres líneas…” porque en word, fuente times new roman, son tres líneas. Acá serían cuatro. Es una mezcla de Narosky, Cioran y Pepe Muleiro.

 

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~ por nacho en noviembre 24, 2008.

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