Peronismo y psicoanálisis

-Está claro que para usted el peronismo es una manera de armarse una figura que le permita cubrir la falta de una autoridad paterna fuerte. Como su padre no ocupa ese lugar, usted trata de compensarlo haciéndose peronista y usando a Perón como padre sustituto…

A Graciela Daleo no le gustó lo que escuchaba, pero supuso que tenía que jugar el juego. La idea de psicoanalizarse era nueva, pero también era nuevo estar, después de tantos años, sin el Flaco (…)

Pero separarse del Flaco la había destruido, y Mundi, otro compañero de la facultad, hijo de psicoanalistas, le insistió mucho para que se analizara. Graciela desconfiaba: le parecía que el psicoanálisis creaba adicción, que si empezaba después no podría hacer nada sin consultar con su analista (…) Mundi le contó a su padre que Graciela, cuando iba al colegio de monjas, a veces se ponía ortigas en las piernas para sufrir y enaltecerse con su sacrificio. El padre de Mundi dijo que no se iba a curar ni con cincuenta años de análisis. Quizás fue eso lo que la decidió, o que ya estaba harta de sufrir por el Flaco. Entonces una amiga le recomendó una psicoanalista en la calle Posadas: Graciela la fue a ver y le planteó que quería analizarse pero tenía muy poca plata. La analista le dijo que estaba preparando un grupo y que, mientras terminaba de armarlo, hicieran algunas sesiones individuales, una vez por semana. Graciela le empezó a hablar de su historia, su familia, el Flaco, sus dudas sobre la política, sus culpas, y las interpretaciones de la mujer no siempre le gustaban: ella no creía que su peronismo tuviera que ver con la ausencia de la figura paterna y, en general, que una opción política se explicara por la historia individual de cada uno. Pero igual seguía necesitando ayuda, y le pidió que pasaran a dos sesiones semanales con alguna rebaja en el precio.

-No, no me parece que sea lo que corresponde. Yo creo que a usted le gusta jugar a la niñita pobre: eso se relaciona también con su peronismo. Usted necesitaba reaccionar contra los límites que le ponían sus padres y por eso se hizo peronista, y por eso también este papel de la niñita pobre que se ha adjudicado…

Graciela no quiso escuchar más:

-Disculpemé, pero me parece que usted no entendió nada -dijo, y dio por terminada su primera terapia.

Faltaban pocos días para que Perón llegara, por fin, a la Argentina.

 

Martín Caparrós y Eduardo Anguita. La voluntad, p. 608/9

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~ por nacho en noviembre 12, 2008.

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