Californication: segunda vuelta

A veces uno lee el diario para ponerse mal, para hincharse las pelotas. Pero no es culpa de uno, sino más bien de la realidad, o del pedazo de realidad que el diario decide mostrar. Mucho peor parece bajarse una serie por internet, bajar los subtítulos y mirarla para indignarse apasionadamente.

Acabo de ver un nuevo capítulo de Californication, de la segunda temporada, y creo que llegué al punto de odiar la serie. No es una relación amor-odio sino más bien indiferencia-odio. Pero cuando llegamos al odio, es una cosa irrefrenable, y por unos minutos, hasta que hago otra cosa, se me cae el alma a los pies.

Hank Moody volvió con su mujer e hija, está feliz, y organiza una cena en su casa. Ante esta perspectiva medio floja, la apuesta de la temporada está en que los otros personajes se volvieron más heavy: el pelado y la mujer toman éxtasis y pala todo el tiempo, la nena de La niñera se volvió más cínica, hay un nuevo amigo que es productor de rock y también anda de putas y excesos todo el día. Este muestrario decadente (pero no auténtico) se reúne en la cena en casa de los Moody. Pasan algunas cosas semigraciosas, y llega el momento fatídico.

Todos se ponen irónicos y sobradores con una especie de Jorge Bucay que está de invitado (un bestseller de autoayuda medio zen). Se ríen de que venda mucho y que le importe la guita, y Bucay se enoja moderadamente. Uno lo ve a Hank Moody, tirado en el sillón, sobrador, como si fuese un escritor de culto, y no entiende nada: ¿no era un fenómeno comercial también? ¿Hacen que el muerto se ría del degollado? ¿Hay una crítica social, un poco enrevesada, a la american way of life? No, lo más probable es que no se den cuenta… Y en este punto llega lo peor (imagino al guionista de la serie, echado al sol, escribiendo en la notebook con una media sonrisa que dice “la que voy a hacer ahora…”): la nena insoportable, hiperinteligente y culta y sensible pese a sus 12 o 14 añitos, la que siempre tiene las palabras justas para cada ocasión, bendice la cena en nombre del diablo. Bucay se sobresalta un poco y dice, con el resto de autoestima que le queda, que eso no le parece bien. Todos siguen sonrientes y medio atontados por el alcohol y los genes. Todos menos la nena, que está seria y le dice que en realidad él es un pobre tipo, que hace autoayuda sin entender que el culto al diablo es la única autoayuda valedera porque ayuda a la gente a liberarse en no sé qué forma. ¿Qué hacen los adultos? La aplauden. Aplauden y reconocen que la nena, con la cándida estupidez que acaba de decir, rodeada de profesionales y artistas neoyorquinos, es la persona más inteligente en la cena. Una clave para entender la serie puede ser que uno de los anunciantes, o productoras, o lo que aparece cuando termina el capítulo, se llama “Agressive mediocrity”.

Es un vicio terrible de la ficción, eso de hacer nenes inteligentes. Un vicio que ahora importaron en Todos contra Juan, donde los nenes también son sabelotodos (smart ass, diría Red Foreman) y hablan como adultos. Supuestamente debería ser gracioso. Pero no es gracioso.

No es gracioso.

En serio, no es…

O será que no entiendo nada.

Oia!

Esa frase bien puede ser mi muletilla para cuando haga críticas sobre cualquier cosa.

Suena bien, ¿no? Se me ocurrió, así de casualidad…

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~ por nacho en octubre 30, 2008.

Una respuesta to “Californication: segunda vuelta”

  1. La peor es la protagonista de la película “JUNO”.

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