Parafraseo, como quien no quiere la cosa, a dos poetas platenses

Buen día: quinta de una amiga en Lobos, asado, vino, teg, charla sobre política y periodismo (no la relación sino por separado). Y a la noche, camino a casa, de pronto un pesadísimo e inesperado (inopinado, diría Bioy) malestar, un aluvión que encierra tristeza, resignación, desdén, misantropía, todo junto y sin orden ni causa aparente. En Plaza Italia sobreviene la necesidad, como un remedio improvisado, de maltratarme desde lo gastronómico. Entro al local y pido un extraburguer con queso tamaño whopper. Hace tiempo que no pido uno de esos (llega un punto en que se te atasca en el esternón, la coca no ayuda y se te complica para respirar). En el piso de arriba, otras dos mesas ocupadas: una chica sola y una parejita que discute. Apenas me acomodo viene un empleado a decirme que cuando termine de comer me tengo que ir, porque están cerrando. La parejita se pone a llorar (bah, ella llora) y pienso “será por alguna pelotudez” hasta que escucho “¿vos sabés lo que es abortar?”. El pibe pone la única cara que puede poner alguien de su edad ante esa misma situación. Pienso en otra cosa. Al rato la chica que estaba sola se va (otra posibilidad de contacto malograda) y atrás de ella se va la parejita. Tengo todo el piso para mí, para desplegar la bronca. Y pasan “Total eclypse of the heart”.

La autocompasión es uno de mis temas recurrentes. Al principio la practicaba, después quise evitarla y hacerla objeto de estudio o de reflexión. Debería ser (tal vez lo sea) uno de los nuevos pecados capitales. Hace unos años escribí un cuentito (o “ejercicio de estilo”) sobre este tema (recién quise adjuntarlo, me pareció aceptable, pero no supe cómo). Y antes o después de eso leí un libro que hablaba de lo mismo: El arte de amargarse la vida, de Paul Watzlawick. El libro estaba muy bien, hasta tenía humor y, lo más sorprendente, podía decirse que era de autoayuda. Género con muy mala prensa. Casi tan mala como los bestsellers, tal vez porque ambas etiquetas suelen (o solían, hace unos pocos años) ir de la mano. Una de las dos veces que hablamos, Sergio Pángaro me dijo que siempre se habla de la autoayuda con una sonrisita irónica, con alguna displicencia, y muchas veces se pasa por alto algo que algún valor puede llegar a tener. Y tiene razón. Pero es algo inevitable.

Como tantas otras cosas. Como sentirse mal después de una bomba de placer y bacon: la tranquilidad después de la paliza (sí, lo dijo Bochatón, y está muy bien).

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~ por nacho en septiembre 22, 2008.

Una respuesta to “Parafraseo, como quien no quiere la cosa, a dos poetas platenses”

  1. deberias entender que implica estar contra mi pensamiento

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