Californication

Dejaron pasar un tiempo prudencial y volvieron. Sabían que no iban a poder vivir por mucho tiempo más de glorias pasadas; o tal vez sí, pero no de la forma en que querían vivir. Entonces Julia, Jason y Michael probaron suerte con nuevos proyectos, nuevos guionistas y conceptos renovados: mismo género pero aire fresco. Pero no hubo caso. La gente no dejaba de ver en ellos a Elaine, George y Kramer, y los actores estaban condenados a ser los amigos de Seinfeld, el mito los había excedido y ahora los devoraba. Quien mejor entendió esta imposibilidad de escapar del producto fue el co-creador Larry David, que pensó y llevó a cabo una serie dedicada, en principio, a tematizar esta paradoja, la del personaje que entierra al autor.

No digo que este sea el caso de David Duchovny, el Fox Mulder de los Expedientes X. No digo que necesariamente sea el caso. Sin embargo, fue una de las dudas que tuve cuando, hace casi un año, comenzaron a anunciar Californication, su nueva serie: ¿cómo iban a despegar al actor de su personaje previo? Desde las promociones, la serie prometía un escritor cínico, moderno, sexualmente agresivo, en Los Angeles o algo así; ofrecía, también, la posibilidad de espiar un mundo inaccesible, lleno de editoriales de primer nivel, relaciones sofisticadas y restaurantes de lujo. Había que verla. Pero después le perdí el rastro, nunca supe cuándo se estrenaba, y me olvidé por completo. Y así hasta la semana pasada, que por recomendación de un amigo la bajé y vi los primeros dos capítulos.

Hank Moody, escritor desapasionado con algo de fama (hicieron una película de uno de sus libros oscuros), atraviesa una crisis de creatividad o de constancia: no puede escribir. La mujer lo dejó y se fue a vivir con otro tipo, menos culto y en apariencia también menos interesante. También tienen una hija. Resulta que en el frente sexual el escritor es mucho más exitoso que lo que cabía esperar por los avances: en el primer capítulo tiene relaciones con tres mujeres, dos de las cuales conoce por casualidad en espacios públicos (bar, librería), y tras un par de miradas y frases ingeniosas, acceden a la propuesta. El primer conflicto viene por una de esas mujeres, que resulta ser menor de edad y para colmo hija de su enemigo, la nueva pareja de su ex.

Hasta acá, lamentable. Personajes y situaciones inverosímiles. No se entiende, no se puede entender, el éxito de Hank con las mujeres: no es un tipo demasiado atractivo, no tiene lo que podría decirse un encanto personal, no es agradable al trato sino más bien lo contrario, y tampoco es tan famoso (y aunque lo fuera, creo que ni Stephen King debe tener una vida sexual tan activa). Trata mal a casi todo el mundo, en especial a las mujeres, que sin embargo, maravilla del sexismo, se desviven por tener algo con él. Pero lo que más irrita en este personaje es que su postura, la forma en que mira el mundo con desdén, cómo se posiciona frente al resto, no tiene mucho sustento. Es decir, no parece un tipo muy inteligente, o al menos no dice nada para generar esa impresión. Tampoco, en ninguna escena, y pese a ser escritor, se lo sorprende nunca leyendo . Le faltan matices, digamos.

También tiene una hija de doce años, que es muy muy inteligente y en apariencia soberbia como el padre. Y acá vemos que Hank tiene un lado bueno: se desvive por su hija. Además, quiere volver con su ex. Sin embargo, para no bajar la guardia, la serie rompe con el estereotipo del escritor intelectual y débil, algo cobarde, y nos aclara que este protagonista también sabe pelear, y que no se come ninguna: si hay un tipo hablando por celular en el cine, Hank le saca el teléfono, se lo rompe y después reduce al desubicado en dos movimientos, para deleite y aplauso de un público siempre dispuesto a valorar positivamente un acto de justicia. Una especie de superhombre inverosímil que hace todo bien, y que no obstante, como un personaje de Marvel, es humano y como tal tiene sus pequeñas debilidades. Insoportable.

Hacia el final del segundo capítulo (en el cual Hank se apunta dos nuevas conquistas en el catre), surge la primera escena que vale la pena: cuando su ex y su pareja, que lo habían invitado a cenar en su casa, lo descubren junto a una desconocida, desnudos y fumados, Hank se cubre con una pintura muy costosa, y vomita encima. La otra mujer también vomita, sobre la cama. Creo que esta escena es la única razón por la que voy a darle a la serie unos capítulos más de vida. Tampoco, para ser sincero, es que tenga grandes cosas para hacer.

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~ por nacho en septiembre 10, 2008.

Una respuesta to “Californication”

  1. Cuando vi la publicidad por primera vez no me dieron ganas de ver Californication;
    El nombre ya utilizado
    Los programas de Warner mucho no me satisfacen excepto por “Two and a half men” (otro hombre estupido, alcoholico, y sexualmente muy activo), Friend, y un poco Puching daisies (me comprô el locutor que narra todo lo que pasa como en un cuento de hadas y el amor que no se puede concretar entre los pesonajes principales lo cual provoca a LA televidente desesperacion y suspiros al mismo tiempo)
    Por otro lado a David Duchovny no lo puedo ver con otra perosona que no sea Scully, quiero decir Gillian Anderson…

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