LHC: the time is now

Título pretencioso. Pero bueno, acabo de ver el capítulo homónimo de Millennium, serie que pasaban en Fox después de los Expedientes X, y que trataba sobre serial killers, cultos satánicos, desastres naturales y demás calamidades que presagiaban el advenimiento del nuevo milenio y el fin del mundo. The time is now fue el título del último episodio de la segunda temporada, por cierto muy bueno.

Ahora la espera frente a esta nueva incógnita llega a su fin. El LHC, Large Hadron Collider, se encenderá mañana 10 de septiembre, no sé a qué hora local (en el mensaje personal de un amigo de msn dice que a las 4 am, pero allá ustedes si quieren confiar en tan endeble fuente). Lo que está claro, que tampoco podría explicar en detalle pero está claro, es que no deberíamos esperar un resultado inmediato (ya sea la creación de un agujero que nos chupe a todos, o el análisis de unos precisos cálculos informáticos). Es que toda la maquinaria tiene que tomar temperatura, ganar energía, y recién en unas semanas empezarían las primeras colisiones.

En lo personal, ya estoy satisfecho. Ni bien empecé a leer sobre el tema, me llamó la atención que no tuviese ninguna repercusión en los medios locales, al contrario de lo que pasaba en el plano internacional, en las revistas especializadas y en blogs, pero más tarde, con cierta pereza, los diarios de acá empezaron a hacerse eco de la novedad. Una nueva prueba, si acaso hiciera falta, de que los medios se nutren cada vez más de los contenidos online, producidos sin fines de lucro (no precisamente de este modesto blog, se entiende, sino de otros más populares, a su vez fogoneados por nosotros, los hijos de cualquier vecino). Ahora lo más probable es que no pase nada. Es decir, nada de lo que esperamos; habrá, eso sí, resultados de importancia para la física de átomos, que serán revelados mucho más tarde al gran público, previa matización y esterilización del periodismo de turno.

Mientras tanto, nos dio un tema de charla. Y no sólo en este blog. Sirvió para conversar en un bar, para remar charlas dolorosas con interlocutores con quienes no pudimos encontrar tema en común, para alimentar nuestra constante necesidad de tener expectativas de cualquier tipo. Y eso, claro, no es poca cosa.

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~ por nacho en septiembre 9, 2008.

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