Batman y yo

Cuando estrenaron Batman en los cines de Buenos Aires, allá por principios de 1990, yo tenía siete años. Y es por eso que los recuerdos de aquel momento, al igual que los del mundial de Italia, son bastante confusos y salteados. Me acuerdo de algunas escenas (cuando matan a los padres, cuando agarra a un tipo de las solapas y le dice I’m Batman, la entrada del Guasón con el grabador, su risa póstuma); de unos rompecabezas que vendían en los kioscos, con imágenes del batimovil o de escenas de la película; del cassette de Prince; y no mucho más.

  

Un par de años más tarde empecé a coleccionar las historietas que editaba Perfil: Superman, Liga de la Justicia, Flush-man (no podían ponerle Flash porque editaban un semanario con el mismo nombre) y Batman. Un mediodía, a la salida del colegio, compré un ejemplar de Batman con una tapa algo impactante, que se llamaba Una muerte en la familia. Era la tercera de cuatro entregas, donde se contaba la muerte de Jason Todd, el segundo Robin, a manos del Guasón. Era, también, la primera historieta que compraba en mi vida (hasta entonces las compraba mi hermano, y después empezamos a alternar).

  

 

Después tuve una época antibatman. Empezaba a descubrir otros superhéroes, como Silver Surfer o Linterna verde, y me molestaba un poco que Batman no tuviese ningún superpoder. Era inverosímil que un tipo así luchara contra gente de otros mundos, y más injusto todavía que se lo llamara superhéroe.

 

 

La redención llegó en la adolescencia, en los días de Fantabaires, Club del cómic, ferias americanas y cursos de historieta, y llegó de la mano de Frank Miller (creador de Sin City y 300, otros comics que también tuvieron versiones afortunadas en el cine), con su particular visión del héroe en Año Uno. Ahí se aprende que el fuerte de Batman (y es una idea más propia del otro universo, el de Marvel) no son los poderes sino la personalidad, la historia y la mística alrededor del personaje. Un personaje oscuro, que ya Tim Burton había vislumbrado pero que se matizaba con la figura de Michael Keaton, un Batman complejo que terminó de consolidarse en las series del regreso del caballero negro.

 

 

Después vino el desencanto con las versiones coloridas y grotescas de Joel Schumacher, donde tal vez lo único que se puede rescatar es el Acertijo de Jim Carrey. Por suerte uno podía refugiarse y buscar un Batman más auténtico, una vez más, en los comics: Asilo Arkham, Broma macabra, y algunos otros, con miradas más de autor, en un medio que permitía mayores libertades.

 

 

En Batman Begins retoman el hilo que planteó Frank Miller con Año uno, y el cambio se nota. Ahora parece que van a seguir la misma línea con Dark Knight, esta nueva versión, y por eso no me sorprende que algunas críticas ya digan que la película supera incluso a la (¿fundacional?) de Tim Burton. Esperemos…

 

 

Claro, esta noche voy a ver Batman.

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~ por nacho en julio 17, 2008.

Una respuesta to “Batman y yo”

  1. Es mi deber hacerte recordar a Billy West Anderson?
    Creo que fue mi mejor Batman…

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